ESE SABOR

Entonces probé el sabor de la incertidumbre, el olor de la ausencia, el aroma de la nada, y me decidí a esperar, me senté de hecho en la acera del tiempo, a esperar que las señales falsas desfilaran de primeras, (cual marchante primerizo que agita su bandera).

Entonces degusté ese bocado de quietud, ese manjar de sosiego que estaba preparado para mí y pude consolar mi alma atormentada, y pude relajar mi cuerpo tenso y en alerta ante cualquier cambio.

Entonces me tomé a sorbos esa sensación, me relajé al sentir su tibieza por mi garganta, asentí convencida de que jamás (nada) será igual, me tomé a sorbos la anticipación, la especulación, pude finalmente continuar con mi presente.