AQUEL PENTHOUSE

Nunca pensé que ese primer apartamento a alquilar dejaría tanta huella en mí. El aviso clasificado no le hacía justicia : ubicado en el piso diez de la avenida principal, parecía detenido en el tiempo.

Edificación antigua, otrora de lujos, mostraba acabados algo bizarros pero sin embargo imponentes. Una vista preciosa y un ambiente cargado de nostalgias y románticos salones con piso de granito, son recuerdos que hoy atesoro.

La gran piscina era frecuentada por gente mayor en general inmigrantes que fueron exitosos en los mejores tiempos de este país.

Puntualmente le entregaba efectivo al Señor Carlos, el dueño de varios apartamentos de la torre. Entrar a su Penthouse era como conocer otra dimensión.

El enorme espacio era relajante. Las paredes pintadas de un verde muy tenue parecía añejar los ambientes.

Retratos variados con personalidades mundiales hablaban por sí solos y entonces el arte : El arte en los muebles, en las pinturas y esculturas, en las alfombras “jamás imitación”, en los escritos enmarcados y autografiados.

Embelesada cada vez observaba un nuevo detalle, mientras el Señor Carlos buscaba su talonario de facturas naranja.

– “¿Le gustaría un té?”

Aceptar era transformar el pago en visita. Se escuchaba música del estudio y el sonido del aire acondicionado parecía un arrullo que refrescaba la tarde.

-“Yo pienso ir vendiendo todo”, decía mientras manipulaba sus vajillas azules con detalles en plumilla. “Me quiero ir a Caracas”.

Siempre impecable, de alta estatura y sonrisa radiante, con sus setenta y pico parecía todo un Picasso moderno, amigo de algunos pintores y músicos de la ciudad.

-“Aqui tiene”, me decía con su educada voz.

Saborear el té era para mí un momento de relax, algo extraño por tan excéntrica compañia, un té inesperado y diferente.

Sus pasos en el piso de granito se escuchaban con fuerza, mientras nuevamente – y como de costumbre – me contaba el origen de sus objetos de arte y discretamente los mezclaba con fogonazos de su vida pasada.

Me gustaba escucharlo y admirar a aquel señor, rodeado de misterios, de recuerdos, de personajes y de pasado.

Logré comprarle algunos objetos menores, recibí gustosa otros que me obsequió “para que me recuerde”.

Ahora lejos de aquella torre, de aquella vista, de aquel Penthouse, algunas noches recuerdo al Señor Carlos y a su enorme apartamento pintado de verde, pintado de mundos originales y especiales remembranzas.

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11 comentarios en “AQUEL PENTHOUSE

  1. Lo describes así y suena como aquella película “Finding Forrester” o “Descubriendo a Forrester”. La viste?

    Describe eso, un encuentro con alguien con cultura, historia y poder creativo que deja marcada para siempre un alma sensible—

  2. Hola Marianne, que buena onda la de este PH, yo tuve uno parecido en El Marqués, en Caracas, fue mi primer apartamento de casado y lo disfrutamos muchísimo.

    En unas horas estaré volando a Caracas, para pasar tres semanitas por allá.

    Un saludo con mucho cariño.

  3. Ese descripción me suena como los edificios de la av. Bolívar en Valencia, ¿serán? Por cierto, una vez te ví, en Pizza Hut el mismo día de la marcha de Manuel Rosales en la Av. Michelena. Entramos a la misma hora, andabas con tu hijo. Enseguida te reconocí y era como si ya te conocía. Juan Manuel.

  4. Hay recuerdos que permanecen imborrables en nuestra memoria y nada los perturba. A mí me pasó con la primera noche que pasé en mi apto, nunca olvidaré esas sensaciones.
    Besos nuevos

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