UN CAMINAR INTACTO

De la mano con mi mujer, entré al templo. Ella quería orar y le dije “anda tú”. Yo me quedé en los bancos del fondo, relegado a mi gusto, me senté.

Las iglesias no dejan de intimidarme y aprovecho para pensar, en todo en nada, en tantos años vividos en esta ciudad, ahora vivo en Caracas, pero aquí los recuerdos de infancia, los hermanos, el campo, la escuela…y entonces la ví. Entró con un vestido aguamarina, siempre delgada, alta y con su cabello en hermosa trenza que solía llevar en aquellos tiempos.

En aquellos tiempos Matilde pasaba justo por la esquina donde jugábamos “pelotica”, daba la impresión de que su estatura se elevaba, inalcanzable. Sus ojos complementaban su postura, erguida, pretenciosa. Nos sentíamos atraídos ante su paso.

Yo el más decidido de todos, muchas veces corría adelantándome cuando la veía acercarse y la esperaba en la calle Venezuela.

Fue un romance fugaz…Un día en sus ojos ví un hastío color café, apagando mis visitas y mi naciente ilusión.

“Es ella”, pensé, luego de 40 años allí coincidimos en un templo con aroma a incienso y penumbra mística. Sentí el calor en mi pecho cuando la ví acercarse, como aquellos días, con el caminar intacto…y desviándose a último momento, no me vió.

Siempre me preguntaré si realmente no me vió o no me reconoció. Es exactamente lo mismo.

“Vamos”, dijo suavemente mi mujer. Yo caminé lentamente imaginando el mar, recordando cómo me gustaba ver esas olas altísimas, una marea enfurecida que disfrutaba sentir.

Ahora, las olas son suaves, la fuerza vital ha mermado pero los recuerdos plenan mi memoria y me confirman -que a pesar del tiempo y de todos los años pasados – aún estoy vivo.

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2 comentarios en “UN CAMINAR INTACTO

  1. …” Me habrìa quedado la duda; fuerzas para soltarme de ella; y correr a su encuentro? . Probablemente si.

    Nuevamente, como en los viejos tiempos, aquellos del portòn verde, me harìa a la par de una estatua viva; que espera tropezarse de nuevo con esos ojos aguarapaos; esos ojos de niña mujer; de infancia con olor a humedad.

    -Tu? ; – Si, yo… tantos años… -Pero… que haces aqui?, y Venezuela?.. – Venezuela, en mis memorias; y en ellas tu.- Vamos, si no estàs muy ocupada, te invito un… cafè.

    La vida entera en un segundo… la vida entera en un àtimo…

  2. Historias. Propias o ajenas, nunca sabemos cuando nos veremos reflejados en una, cuando seremos parte de una sin haber recibido invitación previa o cuando lo desearemos y justamente es esa seremos solo un espectador más. Interesante histora Loto, tanto que me acompañara un buen rato tratando de descubrir tan siquiera alguno de sus muchos significados…

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