LA FLACA

La cosa con la flaca era que no parecía consciente de su atractivo. La flaca era muy parecida a la canción de “jarabe de palo”.

Desde que comenzó a “hacerle mandados” a su madre, caminar por aquellas callecitas era su día a día. Caminaba mientras hablaba sola. Veía las casas con sus rejas bien pintadas y se imaginaba escenarios.Le gustaban las que tenían mucha grama y las indudables pintadas de blanco y ventanas de madera .

La flaca pasaba imaginando mundos y muchos pensaban que desfilaba, también pensaban que era pretenciosa. Pero ella sólo soñaba y con intermitencia pensaba en el recado que llevaba en el bolsillo de su vestido. Vestido floreado ajustado en su fino talle, amplia falda.

Sus aires de gitana parecían perfumes. Perfumes que dejaban estelas en cada cuadra. Cuadras que la miraban.

La flaca llegó a ser parte de aquel paisaje urbanístico. Con su cabello ondulado y su timidez hecha huesos.

Pero definitivamente, la cosa (genial) con la flaca, era que no parecía consciente de su atractivo.

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