Francisco era conocido por su “arrolladora personalidad”. Nunca se quedaba con las ideas en la cabeza y la sinceridad (y a veces “sincericidio”), formaban parte de su diaria convivencia.
Aplomado aunque de baja estatura, tenía una presencia carismática y en ocasiones, intimidante. Su voz regia y bien modulada, bien le habría servido para ser tenor en vidas anteriores.
Le decían “el problemático”. Siempre había “una mosca en su sopa” y hacer valer sus derechos parecía consigna bordada en sus impecables camisas.
Su suerte en el amor no era tal. Aunque no tenía problemas para llamar la atención de una mujer, generalmente sus relaciones terminaban con frases tenebrosas como “debes ser más cuidadosa” o “el espejo no miente, recuérdalo”…Ellas huían por su salvación y pasaban el guayabo leyendo algún libro de autoayuda, pero jamás volvían a buscarlo.
El problemático asumía estas “jubilaciones femeninas” como “no estuvo a mi altura”. (Una altura ya descrita en párrafos anteriores).
El problemático siempre tuvo muchos amigos pero casi todos eran “amigotes”, la realidad es que era un tipo solitario y más sentimental de lo que se tenía pautado demostrar.
Un día descubrió que no quería ser problemático…pero nunca supo como salir de su perfecta coraza, aplomada, brillante, y - hasta el fin de sus días- conveniente .
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