Me acerqué a un conocido salón de belleza con la trillada frase “año nuevo, estilo de cabello nuevo” (no es famosa esa frase?).
Me acerqué a un chico al estilo eminem. Estos chicos o son muy delicados, o muy enérgicos. Me tocó el segundo….
-Quiero un corte desgrafilado que se note pero cuida el largo…
- Está bien chica déjame ver qué puedo hacer, dijo en tono presuntuoso.
Comenzó su labor, batía mi cabello de forma casi furiosa mientras cortaba aquí y allá, tenía buenos movimientos no puedo negarlo aunque sentía un nido cual medusa, ví mis mechones caer pero sí respetaba el largo, mientras yo le rezaba a un santo :
“Por todos los santos de Puerto Cabello
que me quede respetable el cabello!”
(o no existe esa plegaria desesperada? jaja).
En la fase del secado tuve que aferrarme a la silla como vieja en moto, cada mechón era estirado sin piedad y me sentía en una silla voladora.
Con su energía creativa, sentí el cepillo como un arma mortal. Me alegre de no tener siliconas, pues recibí cepillazos en esta delicada parte femenina (Ouch).
De repente el flequillo y un cepillazo cerca del ojo (Oh my God), mi lente de contacto se movió como por instinto de conservación y rogué que terminara la sesión para no quedar ciega…
Para remate, tenia mis “piececillos” prácticamente anudados al pie de la silla (para no salir volando), cuando el Eminem valenciano con todo su vigor juvenil giró la silla y casi me sentí Elastic Girl de “Los increíbles”(nooooo)…
Salí con un peinado al estilo lámpara de flecos, me sentía como un árbolito de navidad (en serio)…
-Gracias (le dije algo mareada por la travesía)
- De nada niña, vuelve pronto!
(Volveré… cuando las puntas recobren su forma natural, cuando quiera volver a vivir una aventura extrema de salón de belleza :-P)
Escrito en Refrescantes




